El 12 de mayo de 2026 S&P Global Ratings cambió la perspectiva de la calificación crediticia de México de “estable” a “negativa”, aunque confirmó la nota soberana en BBB para moneda extranjera y en BBB+ para moneda local.
La agencia señaló que el riesgo principal es una consolidación fiscal “muy lenta” derivada de un crecimiento económico débil, lo que podría provocar un aumento más rápido del endeudamiento público y una mayor carga por intereses en los próximos 12 a 24 meses.
Además de la revisión para la calificación soberana, S&P extendió la perspectiva negativa a varias empresas estatales, entre ellas Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), así como a instituciones financieras y algunos estados que presentan vulnerabilidades fiscales.
Analistas y organismos observan que la acción de S&P responde a una combinación de resultados fiscales modestos —el déficit estimado por la agencia para 2026 se ubica alrededor del 4.8% del PIB— y la incertidumbre en torno a factores externos y comerciales, como la próxima revisión del T‑MEC.
Consecuencias prácticas:
- Mayor atención de los inversionistas en la trayectoria de las finanzas públicas mexicanas.
- Posible aumento en las primas de riesgo si la consolidación fiscal no se acelera.
- Impacto potencial en la percepción de riesgo de empresas relacionadas con el Estado.
El cambio de perspectiva no equivale a una rebaja automática de la calificación, pero S&P advirtió que existe riesgo de una degradación en los próximos 12 a 24 meses si no hay señales claras de mejora en las cuentas públicas.
La nota original y reacciones públicas se difundieron en medios nacionales e internacionales durante los días siguientes a la decisión de la agencia.

