El presidente de Estados Unidos sostuvo, al término de una cumbre de dos días en Pekín con su homólogo chino, que no quiere que Taiwán proclame su independencia porque eso podría forzar a EE. UU. a desplazarse miles de kilómetros para entrar en un conflicto.
En una entrevista grabada antes de su partida, el mandatario afirmó que no busca que la isla se declare independiente y añadió que no había hecho compromisos definitivos con China sobre la cuestión. También señaló que tomará próximamente una decisión respecto a una venta de armas pendiente.
El jefe de Estado chino advirtió durante la reunión que la cuestión de Taiwán es el asunto más importante en las relaciones bilaterales y que un manejo inadecuado podría llevar a enfrentamientos. Tras el encuentro, las autoridades taiwanesas reiteraron su posición de mantener el statu quo en el estrecho y afirmaron que la isla es soberana y administra su propio gobierno.
Analistas consideran que las declaraciones reavivan dudas sobre el grado de respaldo militar y político que EE. UU. brindaría a Taiwán en caso de una escalada, y abren la posibilidad de que la política estadounidense hacia la isla se interprete como más ambigua tras la cumbre.
Funcionarios estadounidenses no incluyeron explicitas referencias a Taiwán en el comunicado oficial de la cumbre, lo que aumentó la atención sobre las declaraciones personales del mandatario en entrevistas posteriores.

