Sólo 35% de las escuelas públicas de educación básica cuenta con computadoras e internet para fines pedagógicos; el 65% restante carece de al menos uno de esos recursos. La brecha plantea retos para la aplicación de las restricciones al uso de dispositivos digitales personales, vigentes desde el 3 de noviembre, cuando los planteles no tienen equipos disponibles para actividades escolares.
El acceso a tecnología también depende de los hogares. Para 56.3% de las personas de seis a 17 años que usan celular, el teléfono es su única herramienta digital; en los hogares de nivel socioeconómico bajo, la proporción llega a 73.1%, frente a 11.2% en los de nivel alto.
La disponibilidad no garantiza equipos funcionales
La cifra de escuelas con computadoras podría sobreestimar el equipamiento útil para aprender: los registros contabilizan los equipos reportados, pero no necesariamente verifican si funcionan o si sus programas siguen vigentes. En una visita a Parral, Chihuahua, un docente describió computadoras de unos 15 años que ya no podían ejecutar sus programas.
El celular forma parte de las actividades escolares de muchos adolescentes. Entre quienes tienen de 12 a 14 años, 88.2% lo utiliza para tareas o trabajos escolares; sin embargo, sólo 26.2% declara tener habilidades para proteger sus dispositivos y datos personales y evaluar la confiabilidad de la información que consulta.
Equipamiento, capacitación y evaluación
La restricción busca reducir distracciones y favorecer la convivencia escolar, pero especialistas señalan que sus efectos dependerán de las condiciones de cada plantel. En escuelas sin computadoras ni conectividad, el teléfono de un estudiante puede ser el único recurso digital disponible; usarlo para fines educativos también puede trasladar a las familias costos de datos y desgaste de los aparatos.
Entre las medidas planteadas para acompañar la regulación están dotar a las escuelas de computadoras y tabletas, ampliar la conectividad y capacitar a docentes. También se propone permitir excepciones con fines pedagógicos definidos y medir los cambios en aprendizaje, convivencia y bienestar socioemocional.
La brecha digital se concentra especialmente en comunidades rurales e indígenas y en zonas urbanas marginadas. El reto es aplicar las restricciones sin dejar a estudiantes sin alternativas para aprender y desarrollar habilidades digitales.
