Hezbolá afirmó el jueves 20 de agosto de 2026 que las nuevas sanciones anunciadas por Estados Unidos no impedirán que continúe sus acciones de “resistencia” contra Israel. Las medidas estadounidenses alcanzan a 10 personas señaladas por integrar una red dedicada a transferir fondos al grupo libanés mediante operaciones fuera del sistema financiero formal.
El Departamento del Tesoro modificó la clasificación jurídica de Hezbolá para precisar, según Washington, que la organización actúa al servicio de Irán y bajo la coordinación de la Fuerza Quds del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica. La medida busca reforzar la presión sobre las estructuras financieras y políticas relacionadas con el grupo.
Una red para transferir fondos
Las sanciones están dirigidas contra 10 personas que, de acuerdo con la administración estadounidense, formaban parte de una red encargada de trasladar dinero a Hezbolá. La operación habría utilizado intermediarios, casas de cambio y transferencias internacionales para facilitar el acceso a divisas y evadir las restricciones financieras.
La red conectaba operaciones entre Irán, Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Líbano. La investigación estadounidense sostiene que parte de los recursos era transportada en efectivo mediante vuelos comerciales, con el objetivo de mantener el flujo financiero hacia la organización.
Estados Unidos mantiene desde 1997 la designación de Hezbolá como organización terrorista extranjera y desde 2001 también lo considera una organización terrorista internacional. Las nuevas medidas se suman a varias rondas de sanciones aplicadas contra sus dirigentes, financiadores y redes de apoyo.
Hezbolá rechaza la acusación de Washington
En un comunicado, Hezbolá sostuvo que las sanciones son injustas y aseguró que no abandonará su postura de resistencia. El grupo también rechazó que Estados Unidos cuestione su identidad libanesa y afirmó que mantiene una relación estrecha y reconocida con Irán.
La organización presentó las medidas como un intento de presionar a sus integrantes y simpatizantes, así como de favorecer los intereses de Israel. Washington, por su parte, sostiene que Hezbolá opera con apoyo iraní y que sus actividades afectan la soberanía y la estabilidad del Líbano.
Las sanciones bloquean cualquier activo que las personas designadas puedan tener bajo jurisdicción estadounidense y, en términos generales, prohíben a ciudadanos y empresas de Estados Unidos realizar operaciones con ellas. El anuncio mantiene abierta una nueva etapa de presión financiera contra Hezbolá y sus redes internacionales.
