La reserva estratégica de petróleo de Estados Unidos cayó a 298.7 millones de barriles durante la primera semana de agosto de 2026, con lo que se ubicó por debajo de la barrera de 300 millones y alcanzó su nivel más bajo desde enero de 1983.
El descenso ocurre mientras Washington mantiene liberaciones de crudo para enfrentar presiones sobre el suministro y contener los efectos de la inestabilidad en los mercados internacionales de energía. La reducción también limita el margen de maniobra del gobierno estadounidense ante futuras interrupciones de abasto.
Una reserva en descenso
El inventario disminuyó 6.1 millones de barriles en una semana. Con ello, la reserva acumula varias semanas consecutivas de bajas y se aleja de su capacidad autorizada, que supera los 700 millones de barriles.
La reserva estratégica fue creada para responder a interrupciones graves en el suministro de petróleo. Sus existencias se almacenan principalmente en cavernas subterráneas ubicadas en la costa del Golfo de México.
Presión sobre el mercado energético
La disminución de las existencias se produce en un contexto de tensión geopolítica y volatilidad en los precios del crudo. Las liberaciones pueden aumentar temporalmente la oferta disponible, aunque también reducen el volumen de emergencia con el que cuenta Estados Unidos.
El nivel de la reserva estratégica no equivale por sí mismo a una escasez inmediata de combustibles para los consumidores, ya que Estados Unidos también dispone de inventarios comerciales y producción interna. Sin embargo, una reserva menor puede dificultar la respuesta ante nuevos choques de suministro.
La evolución de los inventarios será relevante para las decisiones energéticas de Washington y para el comportamiento del mercado internacional durante las próximas semanas.
